PARA EL MARXISMO, EL ÚNICO FEMINISMO POSIBLE ES EL DE CLASE - Andalucia Comunista
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PARA EL MARXISMO, EL ÚNICO FEMINISMO POSIBLE ES EL DE CLASE

18 marzo, 2018

PARA EL MARXISMO, EL ÚNICO FEMINISMO POSIBLE ES EL DE CLASE


 
 
 
 
 
 
DOCUMENTO

PARA EL MARXISMO, EL ÚNICO FEMINISMO POSIBLE ES EL DE CLASE

 

“En la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases”. 

V.I.Lenin

A comienzos del siglo XX, la camarada Clara Zetkin, fundadora del Partido Comunista de Alemania, insistía en que el obstáculo para la emancipación femenina es en primer lugar una cuestión económica. Esta idea, que ya había sido ya planteada por Engels y Bebel, fue profundizada por Zetkin y, a tenor de los datos, podemos decir que sigue siendo vigente en nuestra realidad.

La tasa de desempleo femenino es de un 27,8% en Andalucía. Del total de andaluces parados (960.600), 492.900 son mujeres y 467.700 hombres.

El hogar es la labor principal que desempeñan 690.000 mujeres en Andalucía, un 19,8% de la población femenina mayor de 16 años Frente a ellas, un 2,2% de los hombres andaluces dejan de desempeñar otro empleo para asumir  a  jornada completa la labor de los cuidados, solo 72.000 personas.

En los dos sectores económicos dominantes en nuestro país, la situación de desigualdad de la mujer es más que evidente:

Por un lado, más del 63% de las personas paradas en el sector turístico andaluz son mujeres.

Por el otro, la agricultura andaluza está dominada por hombres, con un 74% de ocupados masculinos frente a solo un 26% de trabajadoras femeninas. No solo eso, ellas copan las labores de “ayuda familiar” en la actividad agrícola, que tiene un peso del 2,17% de las mujeres ocupadas en este sector, pero queda muy por encima de porcentaje que representa para los varones, tan solo un 0,66%.

Por si todo esto fuera poco, la brecha salarial entre mujeres y hombre alcanza en Andalucía el 30%, por encima de la media estatal y aún mayor que territorios con problemas de empleo similares al andaluz, como Canarias (16,4) o Extremadura (19,6).

La consecuencia lógica de esta base material es que la mujer andaluza está siendo forzada a ser esclava a nivel doméstico como consecuencia, precisamente, de su esclavitud laboral. Su dependencia económica es el germen del papel de criada, de la discriminación en el ámbito político o de las vejaciones machistas a los que tienen que enfrentarse diariamente las mujeres trabajadoras.

La situación de las mujeres burguesas es bien diferente, ya que no están subordinadas a la explotación capitalista aunque soporten una situación de desigualdad cultural respecto a los hombres. De ahí que pongan su foco de atención en la cuestión de la superioridad de un sexo sobre otro, en el lenguaje, en la negación de las diferencias biológicas o en la abolición del género.

Por ello, los comunistas entendemos que, dada su diferente pertenencia de clase, las mujeres trabajadoras tienen pocas batallas en común con las feministas burguesas y, por ello, es de vital importancia diferenciar y distinguir el feminismo burgués y el feminismo proletario, utilizando los términos de Clara Zetkin.

En ANDALUCÍA COMUNISTA somos conscientes de los lúbricos sueños de la burguesía consistentes en el “fin de la historia” fukuyamista, en su supuesta victoria sobre el comunismo que comportaría la obsolescencia del concepto de lucha de clases. Pero eso no dejan de ser los sueños febriles de una clase social enferma que, en sus momentos de lucidez, no tiene reparos en reconocer que “hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando” como afirmaba Warren Buffett, el oráculo de Omaha.

Si queremos invertir esta situación, si queremos recuperar la iniciativa para los intereses de las grandes masas populares, el primer paso es ser capaces de reconocer los intereses de clase detrás de cada reivindicación dado que, de lo contrario, estaríamos tirando piedras contra nuestro propio tejado puesto que todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa.

Habrá quien pregunte si no compartimos con el feminismo burgués la reivindicación de aborto libre, por poner un ejemplo. Es evidente que si, pero no se afronta igual esta reivindicación desde una perspectiva neoliberal, que plantearía  que la que quiera interrumpir su embarazo lo haga costeándoselo de su propio bolsillo, o desde una visión de izquierda, que exigirá que sea gratuito y costeado por la sanidad pública que pagamos entre todos. Por otro lado, es evidente que esta reivindicación no será tan urgente para una mujer que pueda hacer una “escapadita de Londres” para visitar una clínica ginecológica cuando quiera que para otra cuya situación económica no se lo permita. Para la primera será más apremiante acabar con los “techos de cristal” o el incluir el os/as o la @ en el lenguaje escrito.

En palabras de Isabel Benítez, miembro de la secretaría de Lucha Feminista de la Coordinadora Obrera Sindical (COS), “todos los feminismos son de clase, otra cosa es que seamos conscientes o no. Es decir, se traducen en políticas, reivindicaciones y programas de lucha concretos en los que se refleja cuáles son nuestras prioridades, si todas las mujeres o sólo algunas. (…). Los feminismos de los años 1990 y 2000, que pusieron las identidades (sexual, racial, orientación sexual) en el centro, desplazando temas clave como el reparto de la riqueza, y que a menudo son

reactivos a incorporar la lucha de clases en su análisis, que en el mejor de los casos hacen una trinchera decididamente feminista pero que es anticapitalista en sentido abstracto. Es un feminismo interclasista que ha tenido muchísimo predicamento en la academia y que a nivel político es muy impotente y en según qué momento, incluso se desliza a la manida “guerra de sexos” en lugar de una política de clase anti-patriarcal”.

A nadie con un mínimo de conocimientos históricos se le escapa que no es posible acabar con el machismo sin acabar con el patriarcado, y que dicho sistema patriarcal nace de la propiedad privada de los medios de producción. Por tanto, podemos afirmar que sólo la construcción de una nueva sociedad socialista creará las bases materiales de una igualdad real entre el hombre y la mujer.

Por eso, para ANDALUCÍA COMUNISTA, la mujer esclava del capitalismo debe dirigir sus esfuerzos en combatir el sistema capitalista y todas las opresiones que éste representa. Para los comunistas andaluces la emancipación de la mujer necesita ineluctablemente de una sociedad socialista, pero la construcción de dicha sociedad es imposible si las mujeres no participan en su lucha. Por ello, debemos emplear todos los esfuerzos en formar e incorporar a las mujeres a la lucha de clases y lograr su adhesión al comunismo.

En ANDALUCÍA COMUNISTA entendemos que el feminismo de clase es una parte más del movimiento obrero, de cuyo triunfo dependerá la emancipación de la mujer trabajadora. Es nuestro deber combatir al feminismo burgués denunciando que este jamás podrá conquistar la verdadera emancipación de la mujer dado que el feminismo burgués, al no cuestionar la sociedad de clases, no se plantea la erradicación de la causa histórica del patriarcado y, por tanto, no busca acabar con  él.

Esto no significa que no debamos combatir tanto el machismo como los comportamientos machistas que siguen existiendo en los diferentes colectivos que forman parte del naciente poder popular en Andalucía,  incluido  nuestro  propio Partido. No puede ser que, dentro del propio movimiento obrero y popular, las mujeres se sientan oprimidas y no sean tratadas como iguales, dado que permitiendo esto estaríamos poniendo trabas a su participación en el mismo y, por tanto, a su toma de conciencia. Difícilmente puede unirse alguien a una lucha si esta se siente menospreciada y minusvalorada al acercarse a la misma.

Pero este combate contra el machismo que pueda darse en nuestras filas debe ser siempre de forma pedagógica, constructiva y con la intención de unir, no de dividir, de ayudar en la lucha contra el capitalismo y, con ello, contra el patriarcado. Lo contrario (la crispación, los ataques personales, fomentar la división de las organizaciones populares en base a argumentos del feminismo burgués, la búsqueda de una “guerra de sexos”…) es ayudar a la burguesía destruyendo al movimiento obrero y popular desde dentro. Y esto es diametralmente opuesto a los intereses de emancipación de las mujeres trabajadoras.

Comité Nacional de ANDALUCÍA COMUNISTA
Andalucía, 8 de marzo de 2018

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