Comunicado de ANDALUCÍA COMUNISTA ante el 65º aniversario de la victoria antifascista

El pasado 9 de mayo se celebró el 65º aniversario de la victoria antifascista encabezada por el Ejército Rojo sobre la barbarie nazi-fascista. El 9 de mayo de 1945 el mariscal de campo alemán Wilhelm Keitel firmaba la rendición incondicional de la Alemania nazi ante el mariscal soviético Georgi Zhukov. La Segunda Guerra Mundial había acabado con un balance aterrador de muerte y destrucción.

El papel del Ejército Rojo y de la propia Unión Soviética fue determinante en la derrota de la Alemania nazi. El general estadounidense George Marshall, nada sospechoso de comunista, afirmaría: “Sin los éxitos alcanzados por el Ejército soviético, las tropas norteamericanas no habrían estado en condiciones de hacer frente al agresor y la guerra se habría extendido a nuestro continente”. El mismo presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt no tendría más remedio que elogiar la resistencia soviética en Stalingrado, reconociendo igualmente el papel desempeñado por el Ejército Rojo con las siguientes palabras: “La gloriosa victoria frenó la ola de la invasión y sirvió de punto de viraje en la guerra de las naciones aliadas contra las fuerzas agresoras”. A partir de 1944 el Ejército Rojo contaba sus batallas por éxitos, liberando Polonia – junto a la resistencia polaca – Bulgaria, Yugoslavia – junto al Ejército Popular de Liberación – Hungría, Checoslovaquia y finalmente Alemania. El Ejército Rojo fue determinante en las liberaciones de Finlandia, Noruega y Austria. La URSS sostuvo casi 1.500 días de combate y perdió alrededor de 27 millones de ciudadanos entre soldados y civiles, los daños materiales ascendieron a la desorbitada cantidad de 679.000 millones de rublos. Aproximadamente 1.710 ciudades soviéticas quedaron destruidas, y algo más de 70.000 aldeas y poblaciones menores fueron también arrasadas. La guerra destruyó 31.850 establecimientos industriales, 40.000 hospitales, 84.000 centros educativos y 64.000 kilómetros de vías férreas.

Ese fue el costo, el reguero de destrucción que tuvo que hacer frente la URSS para lograr su liberación y la de otros países europeos, después de que en 1941 la Alemania nazi lanzara a 5 millones y medio de soldados, 4.300 tanques y más de 5.000 aviones a la conquista de la Unión Soviética. Frente a esta gesta, a esta verdadera hazaña bélica, las llamadas “democracias occidentales” y los EEUU en un primer momento trataron de minimizar el papel soviético en la victoria sobre el fascismo; en las películas bélicas producidas por Hollywood durante las décadas de 1950 y 1960 apenas sí podíamos ver combatir a soldados soviéticos, mientras en Europa y los EEUU se acogían a multitud de nazis alemanes, fascistas italianos y antiguos colaboracionistas eslovenos, ucranianos, croatas, rusos, lituanos, húngaros, daneses, noruegos, belgas, etc. que prestarían importantes servicios a las agencias de espionaje occidentales en su Guerra Fría contra la URSS, los países socialistas y los movimientos de liberación nacional, y como no, contra los enemigos interiores, los comunistas, revolucionarios y progresistas consecuentes en Occidente, desde Italia hasta Alemania, Bélgica, Francia, Grecia o el Estado Español.

Pero con la caída de las democracias populares europeas, la República Democrática Alemana y la propia URSS, el revisionismo histórico cobró fuerzas y pasó de minimizar el papel de la URSS a prácticamente igualarlo en maldad a la Alemania nazi. La URSS pasaba así de ser un actor principal en la lucha por la liberación de los pueblos europeos del fascismo opresor a ser el máximo agresor y opresor de países como Polonia, Ucrania, Lituania, Estonia, Letonia o Finlandia.

El caso es que 20 años después de la caída del Muro de Berlín se vuelven a apretar las tuercas sobre el papel de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial. Recientemente lo podemos comprobar con la conmemoración de la Matanza de Katyn, matanza que se está atribuyendo sin base ni fundamento al Ejército Rojo y a las supuestas “ansias expansionistas” de la URSS tras el Pacto Molotov-Von Ribbentrop, cuando sin embargo, todas las pruebas siempre – hoy como ayer – han indicado la autoría nazi de tal matanza. Como diría Goebbels entonces: “Hemos sido capaces de convertir el incidente de Katyn en una importante cuestión política”. Se ve que el revisionismo histórico anticomunista ha tomado buena nota del Ministerio de Propaganda nazi.

Pero no se trata solamente de revisionismo histórico. La condena al comunismo del Parlamento Europeo, el anticomunismo oficial de corte fascista en los Países Bálticos, Hungría o la República Checa (esta última intentando ilegalizar a la juventud comunista) van más allá de la interpretación de la Historia y constituyen hechos relevantes, que se unen a las condenas a Cuba, a la guerra mediática contra los gobiernos de Venezuela y Bolivia, y en general, a la lucha contra aquellos países celosos de su soberanía e independencia que se niegan a verse sometidos a los dictados del imperialismo. Esta nueva ola surgió como respuesta a la lucha de los pueblos y la clase obrera, especialmente en América Latina y Oriente Medio, poniendo de relieve que la teoría y la práctica de que la transformación social revolucionaria y la liberación nacional, lejos de estar muertas, seguían vivas.

Todo ello tiene como fin último el legitimar en las conciencias de la clase obrera y los pueblos el modo de producción capitalista y su democracia burguesa, es decir, la dictadura del capital sobre el trabajo, y la opresión y el expolio del imperialismo. Es fundamental, en estos tiempos de crisis capitalista, hacer ver la inutilidad de todo intento revolucionario de transformación social, de todo intento de alternativa democrática a lo establecido, incluso dentro de los propios límites del sistema, y de todo intento por defender y mantener la soberanía e independencia de los pueblos, rompiendo el hilo histórico de las luchas pasadas con las presentes.

Vivimos momentos de crisis del modo de producción capitalista, que tiene sus causas más profundas en la caída tendencial de la tasa de ganancia, con la sobreproducción y el subconsumo de las masas, pero que se ha expresado, debido a la importancia que las operaciones financieras adquieren en el imperialismo, cada vez más complejas, amplias, globales y sobre todo, más especulativas, primero en los créditos hipotecarios para después afectar al conjunto del mundo financiero. Justamente, en estos momentos es cuando le es más vital al sistema activar toda su maquinaria de propaganda para legitimar sus medidas agresivas contra los pueblos y los trabajadores, medidas que tienen como fin el trasvase de fondos a los bancos e instituciones financieras, es decir, a los auténticos culpables de esta crisis. Entre esa propaganda no puede faltar el contaminar a las masas con el anticomunismo, para hacerles ver que no hay más alternativa que aguantar el chaparrón, mientras el dinero público, el dinero de los trabajadores y sectores es puesto en manos del gran capital para seguir creando nuevas burbujas, saquear y especular. En definitiva, el anticomunismo pretende anular la lucha de las masas en primer lugar por evitar el despojo y el expolio, y en segundo lugar por aspirar a una sociedad diferente.

El pueblo y la clase trabajadora de Grecia están en las calles haciendo frente a las agresiones dictadas por las instituciones europeas e internacionales que suponen prácticamente la ruina de la clase obrera y los sectores populares, un auténtico expolio y un ataque a su soberanía nacional. Pronto veremos cómo el anticomunismo enfilado contra las luchas sostenidas por el Partido Comunista de Grecia (KKE), con una amplia representación institucional y de base, y por otras organizaciones comunistas y revolucionarias griegas, irá al rescate de la legitimación del modo de producción capitalista.

En el Estado Español también se vive una ola de furibundo anticomunismo, destinada a minimizar – y a veces hasta negar – los crímenes del franquismo, dejando intacto todo el entramado institucional post-franquista tal y como corresponde a los intereses de la gran oligarquía española.

Desde Andalucía, un país oprimido, ANDALUCÍA COMUNISTA quiere reivindicar el papel de la URSS en la lucha contra la bestia nazi y en la derrota de las fuerzas hitlerianas frente al revisionismo histórico y las condenas políticas a las experiencias socialistas pasadas y a las actualmente existentes, quiere reivindicar en general el papel de los comunistas en la organización y el combate al fascismo allí donde se ha manifestado, porque hoy como ayer el gran capital sigue echando a las calles a sus bandas de “descontrolados” fascistas, para confundir y dividir a los pueblos y a la clase obrera. Queremos reivindicar nuestro papel en la lucha por la liberación nacional de Andalucía, un país oprimido y dependiente que en estos momentos de crisis está siendo duramente golpeado por el imperialismo, mientras sigue desarmado política, social, económica y culturalmente. Por último, queremos expresar la solidaridad internacionalista de las y los comunistas andaluces con la lucha de la clase obrera y el pueblo de Grecia, que de manera ejemplar está ofreciendo una justa y legítima resistencia frente a los planes depredadores de la Unión Europea y el FMI. La lucha de la clase obrera y el pueblo griego es nuestra lucha, entre otros motivos, porque si Grecia es perfieria de la UE, Andalucía es a su vez la periferia de la periferia europea que es el Estado Español.

Al Pueblo Trabajador Andaluz y la clase obrera del mundo entero, que no os confundan: el anticomunismo es fascismo. El anticomunismo, al igual que el fascismo, sólo sirve a los intereses del gran capital y a sus ansias de dominación, explotación y opresión.

También te podría gustar...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies