Comunicado de ANDALUCÍA COMUNISTA ante el Día Nacional de Andalucía

logo-cabeceraEl 4 de diciembre de 1977 el pueblo andaluz se levantó. Pese a los intentos del régimen franquista de borrar nuestra identidad como pueblo y a despecho de sus planes de reconfigurar el mapa administrativo del Estado ignorando las ansias de autogobierno de nuestro país, los andaluces y andaluzas nos pusimos en pie por el pan, el trabajo y la libertad, pues esas eran las necesidades que confiábamos que unas instituciones andaluzas serían capaces de afrontar.

Cerca de dos millones de personas salieron a la calle en un ejercicio de dignidad y de identidad nacional llenando de banderas andaluzas todos los rincones de nuestra tierra. 500.000 manifestantes en Sevilla, alrededor de 150.000 en Málaga, 100.000 en Granada, 80.000 en Huelva y en Córdoba, 70.000 en Cádiz, 60.000 en Jaén, 10.000 en Almería, Ronda, el Campo de Gibraltar y Antequera, y más de un cuarto de millón en Barcelona, emigrantes de la novena provincia.

Ese día, que debería haber sido recordado con gozo y alegría por el pueblo andaluz fue, sin embargo, infausto al mancharse con la sangre de Manuel José García Caparros, joven sindicalista en la fábrica de Cervezas Victoria, que murió acribillado por la espalda en la masiva manifestación que vivió la ciudad de Málaga. Pese a los 38 años que han pasado desde aquel asesinato, éste aun sigue impune demostrando la complicidad del aparato del Estado de la época con el mismo.

Pero todos esos sueños, esa lucha, que no fue de un día, ya que fue un trabajo de años en los que se fueron construyendo tanto organismos como conciencia nacional de manera dialéctica, fueron traicionados por aquellos que decían representar al Pueblo Trabajador Andaluz.

El proceso por medio del cual esos colectivos transmutaron en los sindicatos de los ERE, los partidos de la corrupción y las redes de clientelismo que día a día llenan las portadas de los periódicos no podemos desligarlo de toda aquella etapa política que comenzó al finalizar la dictadura franquista.

Después de muerto Franco, en una situación de crisis económica internacional, el Régimen buscó el acuerdo con la entonces llamada “oposición democrática” cooptando en su seno a los dirigentes de los mismos. De aquella maniobra gatopardista llamada “Transición” nació el actual régimen de 1978, una postfranquismo apenas camuflado, en el que las nalgas de la aristocracia obrera han estado confortables durante lustros a costa de la destrucción sistemática de las esperanzas e ilusiones del movimiento obrero y popular.

Sin embargo, tras cuarenta años, las contradicciones fundamentales del Régimen, que pusieron en crisis al franquismo a la muerte del dictador, vuelven a estar a la vista de todos, dado que jamás se afrontaron realmente, sino que sólo se barrieron bajo la alfombra. Y, en la actual situación de crisis económica internacional, las propias carencias de la estructura política, económica y social del Estado Español han contribuido a agravar dicha crisis en el seno de sus fronteras de una forma claramente palpable.

Pese a la zafiedad y brutalidad propias de la ideología del régimen borbónico, que reprime y silencia a los disidentes en forma cada vez más abierta, este no sólo recurre a la mano dura sino que también maniobra en un proceso que algunos denominan “Segunda Transición” y que busca integrar al máximo de sectores “de oposición” en su seno, dar una imagen renovada del mismo, aparcar las necesidades y la dignidad de Andalucía y excluir y criminalizar a aquellos que no comulgamos con ruedas de molino y que creemos que la lucha organizada y la creación de poder popular es la única vía para la liberación del pueblo andaluz. Parece una reedición de lo que se vivió hace ahora 40 años si bien, parafraseando a Karl Marx, la Historia se repite, primero como tragedia y después como farsa.

Esta es la triste realidad de lo que está pasando y, ante ello, este pequeño y modesto Partido, ANDALUCÍA COMUNISTA, llama a no permitir que se utilicen como moneda de cambio para intereses electoralistas a los pocos órganos de Poder Popular que se han construido en nuestra tierra, a crear y fortalecer secciones sindicales combativas basadas en la transparencia, la participación y el asamblearismo; a organizar colectivos en pueblos y barrios que busquen la autoorganización de los jóvenes en torno a sus necesidades e inquietudes; a apoyar el trabajo de aquellas candidaturas municipalistas que sean honestas; a ingresar en las asociaciones de vecinos coherentes que pueda haber y en todos aquellos organismos sociales que estén creando poder popular desde la base. Se avecinan momentos duros para el movimiento obrero y popular si no somos capaces de hacerlo.

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